Despedirme de ti es algo que me cuesta, como me ha
costado con todo. Recuerdas eso de la glándula atrofiada? Bueno, eso mismo.
Recordarte me da un calor y amor que me gusta, me hace
sentirme mejor mientras batallo en el sinsentido de seguir viviendo ésta
catástrofe.
Gracias por todo.
Hoy es un día de esos en que te odio menos, cuando
recuerdo nuestras conversaciones interminables, los besitos cortos, los
orgasmos, como cuando recuerdo cuanto me dejaste ver de ti a pesar de todo.
Es tan estúpido pretender jugar este juego. Tengo que
dejarte ir.
Porque
a pesar de la luna, del sol y las estrellas. Amado mío.
Contigo
en la distancia, no estoy.
Y tengo música de piano en los tobillos, como si el mismo
corazón me pidiera ya no estar contigo.
Me hablarás de ti cuando despierte? Seguirás conmigo
cuando duerma?
Es probable que por un tiempo. Pero luego, ya no estarás,
ni siquiera yo estaré aquí.
Ya lo nuestro no es una escena, es una carta, cómo
siempre debió serlo.
(y me duele escribir tu nombre, cómo si se lo
estuviera pronunciando a mí misma), hoy mismo, mi amor, quiero que seas tan feliz
cómo te sea posible.
Quiero que tengas una bellísima carrera y una mujer
hermosa y dulce que te ame para siempre. Quiero que tengas un perro y una
bonita casa de campo.
Tal vez, porque no? Encontrarnos algún día y tomarnos un
café. Recordar tu sonrisa y tu voz. Verte lleno de proyectos y tranquilidad,
para mirar en ambos esa paz y esa dulzura que me diste.
Eso quiero más que todo, ver para siempre esa sonrisa y
caminar tranquilamente hacia lo que me espera, dejándoNOS partir sin más
maleta.
Te amo, pero este amor ya escogió un camino que me
atemoriza, pero que me hace sentir segura, hermosamente segura, al lado de un
hombre que me distorsiona la voz con su presencia. Tan bello, tan tranquilo,
cómo vos, pero es un pajarito mío.
Sólo es eso de mi parte. Corazoncito tirano, dale a mi
vida la alegría de salir de tu vida sin haberle tocado un solo hilo.