Buscando recetas entre mis notas guardadas, encontré algo muy especial.
Hace algunos años, pongamos poquitos para sentirme joven, tuve un amigo virtual.
Un blogger divino, súper amable, un gran amigo y una gran persona.
Nos deprimíamos juntos. Nos hacíamos compañía por esos años maravillosos en que todo nos duele, en que no encontramos donde sellar el pasaporte del país de los normales, todos tan extraños, todos tan ajenos.
Hablábamos siempre, nunca nos dijimos nada personal y no lo necesitábamos, compañeros de lucha. Cargábamos la misma depre.
Siempre lográbamos hacernos reír. Hasta que un día llegó a mi bandeja una receta extraña, una receta con tantos nombres enredados que no entendía, pero con medidas y tiempos exactos.
Un encanto vudú para exorcizar dolencias, el nombre y la receta de todos los medicamentos que pensaba usar para suicidarse, con una nota al pié:
Por si llegase a necesitarla.
Aún la guardo. En días tristes la reviso. En días como hoy, simplemente me la encuentro.
No supe si se la tomó en serio o simplemente bufoneaba. Pero en su blog, jamás ha vuelto a escribir.
Tan amable, tan bonito.
"No hay comida tan buena que a veces no haga daño. Incluso el agua ahoga."
No hay comentarios:
Publicar un comentario