Cuando salgas a mirar el mundo, entenderás.
Entenderás que la magia no se mueve en los enormes rascacielos, ni en la poderosas mareas.
La magia se esconde en cada grano de arena, en cada flor que has pisado, en cada verso leído.
Principito amado, no te dejes engañar por lo fastuoso, por lo inmenso. Que las cifras no son más que eso, cifras.
Las cosas hermosas son pocas y suceden tranquilamente pocas veces.
No te asustes y no inscribas frenético tu vida en la carrera del desgaste.
Cuando te canses, te espero, para demostrarte la magia que aguarda en las cositas simples.
viernes, 31 de julio de 2015
martes, 7 de julio de 2015
Semicorchea
Buscando recetas entre mis notas guardadas, encontré algo muy especial.
Hace algunos años, pongamos poquitos para sentirme joven, tuve un amigo virtual.
Un blogger divino, súper amable, un gran amigo y una gran persona.
Nos deprimíamos juntos. Nos hacíamos compañía por esos años maravillosos en que todo nos duele, en que no encontramos donde sellar el pasaporte del país de los normales, todos tan extraños, todos tan ajenos.
Hablábamos siempre, nunca nos dijimos nada personal y no lo necesitábamos, compañeros de lucha. Cargábamos la misma depre.
Siempre lográbamos hacernos reír. Hasta que un día llegó a mi bandeja una receta extraña, una receta con tantos nombres enredados que no entendía, pero con medidas y tiempos exactos.
Un encanto vudú para exorcizar dolencias, el nombre y la receta de todos los medicamentos que pensaba usar para suicidarse, con una nota al pié:
Por si llegase a necesitarla.
Aún la guardo. En días tristes la reviso. En días como hoy, simplemente me la encuentro.
No supe si se la tomó en serio o simplemente bufoneaba. Pero en su blog, jamás ha vuelto a escribir.
Tan amable, tan bonito.
"No hay comida tan buena que a veces no haga daño. Incluso el agua ahoga."
Hace algunos años, pongamos poquitos para sentirme joven, tuve un amigo virtual.
Un blogger divino, súper amable, un gran amigo y una gran persona.
Nos deprimíamos juntos. Nos hacíamos compañía por esos años maravillosos en que todo nos duele, en que no encontramos donde sellar el pasaporte del país de los normales, todos tan extraños, todos tan ajenos.
Hablábamos siempre, nunca nos dijimos nada personal y no lo necesitábamos, compañeros de lucha. Cargábamos la misma depre.
Siempre lográbamos hacernos reír. Hasta que un día llegó a mi bandeja una receta extraña, una receta con tantos nombres enredados que no entendía, pero con medidas y tiempos exactos.
Un encanto vudú para exorcizar dolencias, el nombre y la receta de todos los medicamentos que pensaba usar para suicidarse, con una nota al pié:
Por si llegase a necesitarla.
Aún la guardo. En días tristes la reviso. En días como hoy, simplemente me la encuentro.
No supe si se la tomó en serio o simplemente bufoneaba. Pero en su blog, jamás ha vuelto a escribir.
Tan amable, tan bonito.
"No hay comida tan buena que a veces no haga daño. Incluso el agua ahoga."
Suscribirse a:
Entradas (Atom)